El video del domingo
Frankie goes to Hollywood - Relax
2003-20010 © left Blog personal e independiente
...
Un hombre que iba a trabajar al área de Wall Street, sentado enfrente de la joven oriental miraba un periódico que no leía: ...Angela me pide que formemos un equipo para realizar un plan detallado de negocio que se planea comenzar a estudiar, Yewjinn y yo, el equipo ideal dice Angela, quiero creerla, Yewjinn dice que él está seguro de apoyar a entrar en Estados Unidos la cadena Ann Summers, le digo que es pronto para inversiones en ese tipo de cadenas, que las mujeres inglesas son como son y no se parecen, no, a las norteamericanas y entonces él es el CEO y yo soy el CMO y nadie lo dice pero todos los sabemos, volvemos a la autoridad y fingimos sin problema el acuerdo, su argumento es cierto, el sexo siempre vende, solo hay que cambiar la percepción, ese es mi trabajo, eso es lo que cuesta las montañas de dinero antes de ganar montañas de dinero, no hemos tenido un proyecto tan poco devoto en la vida, hay que hacer que se venda cada cosa, inesperadas, aprender lo que no imaginas, sé que Yewjinn hará una presentación bastante buena cuando llegue el momento, siempre se entiende con los judíos aunque ahora sea con una empresa que vende un millón de vibradores cada año en Inglaterra, un millón de lo que sea es un mercado, las mujeres de aquí no se parecen a las inglesas, lo peor es que lo he repetido, demasiadas veces, aquí por una mamada se le hace un impeachment a un presidente, la mujer guarda el vestido donde cayó lo que le rebosó de la boca y ella es la víctima, vaya, eso no lo he dicho, no es el mercado ni el producto estúpido, es el sexo...
Dejamos la 51 St. y me entretuve en escuchar el pensamiento de una joven oriental sentada en el asiento tras las dos rubias: ...esa es la cosa más horrible, no tener ninguna memoria en mi vida, deseo recordar cada cosa detalladamente alrededor de mí, felicidad, tristeza, melancolía y el dolor y el placer, mantenerla con la edad, cuando sea más vieja me gustaría que me conociesen como la adicta a la memoria, enorgulleciéndome de ella, derrochándola, vaya noche desordenada, estoy incomoda todo el tiempo pensando que me tengo que cambiar de casa, el contrato terminará en algunos días tengo que darme prisa, no he encontrado una casa nueva, a ver ahora, esta vez parece que podría ser, está lejos, diez paradas de donde vivo, en la mañana ha sido genial al ver que ya tengo dos A y una B+, hehe, pillé a Vincent a punto de irse, sentí no sé cómo que estaba al otro lado de la puerta, sin llamar, retumbaba su miedo, abrí justo a tiempo cuando estaba a punto de irse, puso esa cara un poco estúpida que tanto me enternece, he quedado con Manish y Swee para confirmar esa reunión para preparar el trabajo, necesitaba la bibliografía, mala suerte en la biblioteca estaban prestados, no he escuchado nada después de mirarle toda la hora esa cara sin la expresión un poco estúpida, la evita irguiéndose cuando habla en clase, después de que hablara con frases y palabras largas que no había quien le entendiera, me ha dicho que él, Vincent, no ha podido entender lo que he preguntado, delante de todos, luego me ha llevado a casa conduciendo enojado, haciendo eses por la avenida, saltándose los semáforos como si detrás nos persiguiera una sirena, tengo el tiempo justo, ver el apartamento y volver, lo sé, la noche irá encendiéndose rápido, lo he escrito diez veces en el cuaderno y no sé por qué, va a ser otra noche completa, con RJ hoy a las 20:00, a las 21:00 MF, tengo que enviar el email, GWB a las 22:00, a las 23:00 JLG, UT mañana el primero a las 19:00, la única motivación para que vuelva UT es que estoy consiguiendo que hable y hable de su mujer, de lo que no hace con ella, más que por follarme, es casi tan estúpido como Vincent, tiene esa expresión un poco estúpida pero no habla con frases y palabras tan largas...
Volví a ver esa luz cambiando de intensidad y de melodía cuando llegamos a la 59 St., era mi parada, tenía que hacer transbordo con Lexington Avenue dirección este pero pensé que no podía abandonar mi cuerpo. Me acerqué a un hombre de color que estaba en pie, de unos cincuenta años, bien vestido, con la espalda apoyada contra la puerta del vagón que permite cruzar al siguiente, con auriculares escuchando música. Sonaba Miles Davis en su iPod, había seleccionado las nueve versiones de Time After Time de entre los veinte cedés de The Complete Miles Davis at Montreux: 1973-1991, más aún, supe que se trataba de las versiones de los cedés cuatro, seis, siete, nueve, doce, trece, dieciséis, diecisiete y veinte; aunque no me sorprendió saberlo. Sonreí, o al menos sentí mi sonrisa, aquel hombre no pensaba, solo escuchaba en su silencio mental a Miles Davis. El mismo tema una y otra vez y ninguno igual. También supe que había estado en diez conciertos de Miles entre 1981 y 1990, y que en comparación con las grabaciones de Montreux donde pensaba que Miles estaba realmente inspirado, solo le parecía que estuviesen a esa altura tres, a lo sumo cuatro, de los conciertos. Salimos de Grand Central – 42 St. y el vagón se había llenado de gente. Yo seguía muerto y nadie me miraba más de unas décimas de segundo sin llegar a preguntarse la mayoría qué hacia durmiendo. Una amiga que había vivido un tiempo en Japón me contó que en el metro de Tokio es posible encontrar a determinadas horas a mucha gente durmiendo en los vagones, de tal forma que no les ignoran como a mí, sino que socialmente están bien reconocidos quienes duermen en el metro. No son mendigos, ni muertos ni enfermos son los grandes trabajadores que tras trabajar hasta la extenuación vuelven agotados.
Mientras estuve muerto lo oía todo. Alguien que me hubiese visto podría haber dicho (o escrito): un hombre subió al metro y, sin más, murió. Y hubiese dicho la verdad. Subí en la 110 St., dirección sur. Entré en el vagón, me senté y poco después me morí. Encontré un asiento libre junto a dos mujeres jóvenes rubias, me quedé pensando como el color del pelo bien teñido las igualaba. Al llegar a la 103 St. abrí el libro que llevaba en las manos con la intención de continuar leyendo unos poemas de Raymond Carver. En la 96 St. sentí como si un enorme aliento me rodease y envolviese como una manta ligera, el calor comenzó por el rostro y luego invadió el resto del cuerpo, cerré los ojos y antes de salir de la estación supe que iba a morir. Vi esa luz y me pude ver sentado, con la cabeza echada atrás, apoyada en la ventana, como si durmiera, con el libro sobre las piernas bajo la mano derecha, apenas los labios separados, sin dolor. Al entrar en la 86 St. quise tocarme la cara y luego sacudirme los hombros para despertar pero no pude rozarme. Estaba separado de mi cuerpo y no podía palparme, esa luz había crecido al fondo del vagón. Lo cierto es que no me sentí mal, quizás aligerado, como si hubiese dormido durante horas sin interrupción ni pesadillas y tras una ducha me sintiese como nuevo. Miré alrededor pero nadie parecía prestar atención a mi cuerpo, ni siquiera las dos mujeres jóvenes que estaban junto a mí hablando. Me sorprendió escuchar como una le contaba a otra como había dejado de sentirse culpable después de comprar un vibrador; le explicaba que ya no necesitaba a un hombre y que el vibrador había solucionado buena parte de sus problemas.
Lo que este blog comenzó siendo fue 42 y 195, una novela escrita en un blog. Luego tuve una crisis de vacío y lo deje unos meses. Luego se vuelve a escribir porque siempre vuelves a escribir si es una necesidad. Me frustró un poco la promesa de publicación física y la cobardía de la retirada del responsable de RBA, no compro libros de RBA como castigo simbólico. Luego me da lo mismo. Conocer tanto el negocio editorial y a tantos agentes y a tantos autores te quita de los ojos los brillos que otros imaginan en la literatura. Lo mejor es que las buenas novelas sobreviven. Así que voy a recuperar algunos relatos para publicarlos en el blog... Hay un proyecto desmesurado de relatos, hay más novelas escritas para mí y algunos amigos/as. Recupero este de New York (por entregas).
Podéis enviarme los comentarios que queráis, los personajes son a pesar de todo tan desastrosos como cualquiera de nosotros, así que están sujetos a críticas injustas o benévolas, a desaires, seducciones o catástrofes personales y redenciones nunca definitivas... Y lo mejor de todo es que no tienen nada que ver conmigo.
Os resistis, esto no va bien ¿eh? Yo aquí haciendo todo lo posible por mantener una audiencia en unos estandares culturales altos, un espíritu crítico elevado, una forma de pensdar fuera de la caja y os resistis a hacerme millonario gracias a la publicidad de Google... ¡Cría cuervos! Ayer 1,30 $ de ingresos (2 clics, y sé quien fue); y hoy que no hago yo clic batimos record (1 clic). De veras que de alguno de vosotros esperaba algo más. En respuesta a este desdén por hacerme millonario voy a contar una mentira:Existe un site que vende para bebés chalecos antibalas, mascaras de gas a la que llama my first mask gas, que sí, es verdad que es mentira... que malas son las drogas (cuando se consumen)
CLICAD MALDITOS, CLICAD (esto no es publiciad)
http://www.bulletproofbaby.net/
Aunque no me han interesado los teléfonos mucho, yo, como buen geek, quiero uno...
Para jugar el finde semana con los recuerdos, uno de los clásicos auténticos: el comecocos
Aunque sin duda mi preferido era space invaders, con las primeras máquinas fue como comenzaron nuestras infidelidades a los futbolines, el ping pong (pinpon, para quien lo prefiera) y el billar. Me doy cuenta de que esa infidelidad fue previa a las otras, las chicas con las que salíamos entendían que jugásemos al futbolín, pinpon o billar pero lo de los marcianos no, eso no lo acababan de entender: a mi no me importaba que la máquina nos acabase ganando mientras pudiésemos defender el orden mundial contra los alienígenas, era la época de la Guerra de las Galaxias y comenzábamos a encontrarnos en esquinas oscuras con la Galaxia femenina. Aquello si que era manos frías y cabeza caliente. Sería una cuestión de celos imagino.